
En México, 2.3 millones de personas trabajan en hogares ajenos limpiando, cocinando, lavando y cuidando. Nueve de cada diez son mujeres y
representan el 10 % de las mujeres ocupadas. Su trabajo sostiene la posibilidad de que otras personas salgan a trabajar, estudien o descansen: 1.6 millones de hogares contratan trabajo del hogar remunerado y, considerando a quienes se benefician de esa labor y a quienes dependen de los ingresos que genera, el sector impacta la vida de cerca de 16 millones de personas.
La última década fue la más activa de la historia normativa del sector. La Suprema Corte declaró inconstitucional su exclusión del Seguro Social, el Congreso reformó la Ley Federal del Trabajo (LFT) en 2019 y México ratificó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2020. Sobre el papel, el trabajo del hogar dejó de ser una excepción del derecho laboral mexicano.
Este informe documenta la distancia entre ese reconocimiento y su ejercicio efectivo. Siete años después, el 1 % de las trabajadoras tiene contrato escrito y el 3.4 % tiene seguridad social, pero el 96.6 % sigue trabajando en la informalidad. La afiliación al esquema del IMSS lleva tres años estancada en alrededor de 60 mil personas, menos del 3 % del sector.




